La región de Antofagasta se destaca por contar con más de 1000 cumbres y elevaciones, repartidas principalmente entre la cordillera de los Andes, cordillera de Domeyko y cordillera de la Costa.
Este hecho, sumado a otros factores del entorno (de carácter climatológicos y topográficos) contribuye a la existencia de cielos oscuros y despejados, por los cuales el desierto de Atacama es reconocido a nivel mundial para la astronomía.

Estas condiciones naturales han sido aprovechados no solo por astrónomos (gracias a la instalación de enormes observatorios profesionales), sino también por astrofotógrafos, quienes cuentan con múltiples opciones para salir a terreno e instalar sus equipos para retratar el firmamento.
Desde el nivel del mar, en la línea de costa, si nos desplazamos hacia el Este la región lentamente asciende en altura hasta llegar a la zona del altiplano, con sectores a 4500~5000 m.s.n.m. A mayor altura existe una menor cantidad de atmósfera sobre el observador, reduciendo la absorción y dispersión de la luz, lo cual favorece una mayor transparencia del cielo.
En la lína de costa, por otra parte, la corriente de Humboldt y la inversión térmica asociada mantienen gran parte de la nubosidad limitada a niveles bajos de altitud, en tanto la cordillera de la Costa dificulta su avance hacia el interior. Estas situaciones terminan formando una barrera natural contra las masas de aire húmedo provenientes del Este, lo cual otorga al desierto de Atacama su aridez característica, que le llevan a ser el desierto no polar más seco del mundo.
Si a eso se suma la vasta extensión del desierto y baja densidad poblacional, encontramos amplias zonas relativamente aisladas y lejos de la contaminación lumínica. Considerando que los cielos oscuros son parte de nuestro patrimonio natural e identidad regional, es crítico que este tipo de amenazas no pongan en riesgo nuestra capacidad de estudiar el Universo mediante observatorios, de darlo a conocer a través de un astro-tour … o de una astrofotografía.
